
Elizabeth, su mamá, lo resume con una sonrisa:
“Ahora es más disciplinada, más segura. Cumple con sus deberes porque sabe que, si lo hace, va a nadar. Hasta les enseña a otros niños lo que aprende en clase.”
Para Elizabeth, las escuelas deportivas han sido mucho más que un espacio para que su hija se distraiga: son una alternativa accesible, con escenarios seguros y cómodos que, además, fortalecen sus buenos hábitos.
Y para Ellie, es la oportunidad de hacer nuevos amigos y descubrir habilidades que ni siquiera sabía que tenía. Lo mismo le ocurre a Dagoberto, de 75 años, quien desde otro lugar de Cali se prepara para su cita favorita de la semana: cada martes, se reúne con su grupo del programa Bienestar Activo de Comfandi.
Él, como Ellie, en cada encuentro disfruta, aprende, comparte y se pone en movimiento.
Conoce su historia completa aquí:
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